
Lo duro de mi pena no es que se trate de un dolor agudo y espontáneo, un dolor tosco y fuerte, que parece infrenable, tedioso, irritante y ácido; lo verdaderamente duro de mi pena es que se trata de un dolor desconocido, persistente, lento, que se acerca sigilosamente para atacarte y quemarte como un veneno lo haría. Es un dolor acechante y cambiante, como una droga alterándote la percepción de todo lo conocido y sumiéndote en el espesor de las más oscuras pesadillas, un dolor cruel, mordaz y que parece resistente a todo, incansable y hambriento.
Querida Candelita: Tu pena es tan intensa que nos duele a tod@s, y aunque hablarte desde fuera es "muy fácil" yo te pediría que cuando tengas pensamientos negativos, no los dejes correr, intenta detenerlos y piensa que es lo que tus padres desearían de ti en esos momentos. ¡Quizás te pueda venir bien!. ¡Qué seas feliz!...
ResponderEliminarBesitos desde Málaga.